jueves, 30 de julio de 2015

Que no lo sepa nadie

Sonrío porque no me queda de otra,
porque el infierno se ve más lejano cuando lo hago y me mantiene cuerda.
El alba cae y el manto oscuro y tenebroso cubre la tierra,
y en su tempestad me permito llorar,
porque su silencio me cobija
y porque su grisácea visión y su tranquilidad escalofriante dejan que mi caída se mantenga oculta de miradas curiosas y malévolas.
Y al día siguiente vuelvo a sonreír como si nada pasara
y ellos me creen.
Dejo que piensen que mi felicidad es benigna,
pero en las noches la desesperanza vuelve con más rigor para azorarme
como si me castigara por mentir.
Las estrellas no saben el por qué de mi melancolía 
o tal vez no se lo imaginan,
no saben por qué un ángel llora.
Y esta noche de verano no es diferente,
lloro nuevamente en compañía de la luna y las estrellas.
permito que el dolor vuelva a zambullirme en el fango 
para que, al despertar, sea capaz de actuar.
pero no se lo digas a nadie;
que no sepa nadie más que estoy podrida por dentro

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